Carmen Matutes

Obra Narrativa de Carmen Matutes en Ediciones Irreverentes

16.10.06

Nueva novela de Carmen Matutes; De Cháchara

En De Cháchara, Carmen Matutes nos muestra con humor, una escritura ágil y una ironía acerada, los que quizás sean los últimos momentos de cinco personas distintas, complementarias y en algunos casos enfrentadas. Una mujer que lucha por ser distinta a su madre y sin tiempo para vivir, un periodista sin escrúpulos, un profesor prepotente, una mujer mayor con secretos confesables y un niño que ni quiere morir y cuya inocencia es su principal defensa. Se nos muestra la vida de estos cinco personajes a través de la conversación que mantienen con una intrusa en un momento crítico, quizá el último... El autoengaño, la irresponsabilidad, la autocomplacencia, la sabiduría o la inocencia de los caracteres se abren paso para reflejarse en una sombra, en una realidad deformada, en un esperpento que hace sonreír con complicidad.
Carmen Matutes (Ibiza, 1956) vive en Edimburgo, ciudad internacional de la literatura. Es doctora en economía por la Universidad de California, Berkeley. Ha sido profesora universitaria en Francia y en el Reino Unido, e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha sido también coordinadora de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva, miembro electo del Consejo de la European Economic Association y ha publicado numerosos artículos en revistas científicas de ámbito internacional. En el 2002 abandonó su actividad docente e investigadora para dedicarse a la literatura. Ha publicado en Ediciones Irreverentes su primera novela, Andrea(s).
Más información: Ediciones Irreverentes

2.10.06

Relato: "Acerca de columnas, enanos y gigantes"

El Idiota Mayor se interesó por el contenido de mis columnas, como de costumbre. Y como de costumbre Grandullón se mostró ausente casi todo el tiempo: hasta el final, ignoró los derroteros de la conversación, como si estuviera lejos y, aun así, juraría que atento a la posibilidad de que el Idiota Mayor alzase la ceja izquierda.

Tratamos varios temas que pienso abordar próximamente, empezando por la asociación de las bajitas, y le anuncié mi decisión de contribuir a lanzarla.

-No, mejor, crearé la asociación de los bajitos –rectifiqué-, porque algunos deben de estar incluso más hartos que nosotras. La llamaré Asociación para la Liberalización de los Canijos.

Grandullón ni dijo ¡mu! ni hizo gesto alguno. En cambio, tuve la impresión de que al Idiota Mayor la idea le fascinaba, aunque a veces resulta difícil juzgar su actitud: nunca se atreve a rechazar mis propuestas de entrada, cualesquiera que sean, y a pesar de que para cuando termina la charla haya puesto no sé cuántos obstáculos.

Lo cierto, expuse con convencimiento, es que se protegen los derechos de los fumadores y de los no fumadores, de los homosexuales y de los heterosexuales,... Usted pida y yo le encuentro la legislación. En cambio, los que no alcanzan unas dimensiones astronómicas ni se ven, dicho lo cual guardé un corto silencio. Y funcionó: al poco, el Idiota Mayor me animó a que continuara. Ya segura de que lo tenía en el bolsillo aclaré:

-Le diré cuál es la fuente del problema: los altos nos han convencido de que ser bajo es una desgracia personal, una desgracia como otra cualquiera con la que hay que lidiar individualmente, como quien tiene que habérselas con su condición de manco, tuerto o jorobado o como quien, con los años, se ha convertido en un cornudo.

A medida que transcurría la conversación me convencía aún más de lo acertado de mis tesis:

-Que los altos se lo crean tiene un pase, que los bajos compartan su opinión es insostenible. Ahí hay que librar la primera batalla: se trata, ni más ni menos, de deshacer el entuerto, de evidenciar que la lírica con la que nos machacan ya desde la cuna está viciada por el predominio de los intereses de los altos.
‘¡Huy cómo ha crecido, qué alto será!’ Además, el significado está claro: Lo dicen con una voz que desparrama veneración.
A nadie se le ocurre vaticinar: ‘Huy, pobrecito, con esa altura, acabará con la espalda en forma de S’, o ‘Menea, nena, menea mientras puedas, que la osteoporosis está a la vuelta de la esquina’. Y, sin embargo, las correlaciones son las que son, las alturas no presagian un buen final.
Quizá por eso, para compensar tan mal destino, los altos merecen un consuelo, otra cosa es concederles el derecho a despreciarnos en el intermedio: hay que reivindicar nuestros derechos.

Entonces intervino el Idiota Mayor con su voz más melosa:

-¿No será la absoluta exigencia de adaptarse a la norma lo que subyace a la problemática que usted indica? –Y sin dejar que respondiera, prosiguió- Quizá se espera que sean altos los hombres y las mujeres, no demasiado.

Me molestó que quisiera darme una lección sobre normas, a mí precisamente, ¡lo que hay que oír!
Sin embargo, me contuve, me limité a replicar que no creía que la diferenciación sexual desempeñara un gran papel, vamos, que canijos y canijas podemos ir de la mano. Al final, incluso me mostré un poco acomodaticia, supongo que quise evitar una de sus andanadas, cada día lleva peor que lo contradigan:

-Por supuesto, se trata de un tema de normas –concedí en un tono acaramelado, pero añadí con cierta vehemencia-, unas normas hechas a medida de los altos y de las altas.

El Idiota Mayor me miró como si se dispusiera a intervenir otra vez, pero yo continué antes que él:

-Se empieza en la cuna y de ahí todo se sigue. Puesta la primera piedra, las restantes se le adhieren sin esfuerzo. Fíjese, incluso las estadísticas lo demuestran:
En promedio los altos tienen mayor éxito profesional que los bajos y cobran salarios más elevados. Y nosotros cruzados de brazos, como si fuese algo natural, resignados porque en su día no nos embutieron con hormonas.

Lo dije de carrerilla, sin apenas respirar. Y proseguí en un crescendo de indignación comentando un artículo que se mencionaba el otro día en las páginas de ciencia, uno que asegura haber encontrado una gran correlación entre la hormona del crecimiento y la inteligencia. Tras una breve pausa añadí:

-Y yo me pregunto, ¿qué crecimiento, ¿qué inteligencia?, y, ¿qué investigaciones? Vamos a ver, a mí que me lo expliquen.

Se trataba de una pregunta retórica. Diría más, pretendía ofrecer yo misma la respuesta, pero prolongué mi silencio en exceso y el Idiota Mayor aprovechó para meter baza:

-La idea de que todo empieza en la cuna es interesante... ¿Por qué no la desarrolla?

De súbito, me vino a la memoria el recuerdo de haber sido alta: En mi familia todas las mujeres son menudas y por lo visto esperaban de mí que las sobrepasara. O sea, crecí con la convicción de pertenecer al privilegiado segmento de los preferidos. Curiosamente, estar entre las enanas de la clase en primaria y secundaria no hizo que cambiara de opinión: Cuesta borrar lo que se aprende en la cuna.
Para descubrir que alta, lo que se dice alta, no soy, tuve que ingresar en la Universidad, allí un compañero me bautizó con el sobrenombre de tachuela. Fue una revelación.

En cualquier caso, no me pareció oportuno ni profesional confiarle la anécdota al Idiota Mayor. En cambio, aduje que quizá la obsesión por el tamaño, evolutivamente, tiene algún sentido, qué sé yo, igual la altura y la robustez proporcionan alguna ventaja a la hora de pelear, o de correr. En fin, no lo sé, pero igual sí. Los perros, sin ir más lejos, se agrandan tanto como pueden cuando desafían a otro animal: extienden las orejas y el rabo y tensan el abdomen, todo para aparentar un mayor tamaño. Quizá algo similar ocurría con el hombre primitivo.
Sin embargo, cuesta entender que después de tanto tiempo andando erguidos aún estemos en éstas, pero así es, aunque, curiosamente, los hombres aficionados al culto de su cuerpo intentan atraer a otros hombres. Sí, sí, a la mayoría de las mujeres nos repele el exceso de musculatura. O sea, el éxito genético que consiguen los adeptos al gimnasio debería ser bastante limitado. Si de mí dependiera... ¡Bueno! Nada me parece más inaguantable que la circunstancia en que un atleta –o, peor, alguien que aspira a persuadirme de que lo es-, se emperra en recordarme que un día descendimos de los árboles. E insiste. Con estas mismas palabras se lo dije al Idiota Mayor, y me aseguré que me interpretaba correctamente:

-No vaya usted a confundirse. No pretendo defender las tesis creacionistas, no, ni hablar. Sin embargo, entre aceptar la evolución como algo natural y regodearse en que el mono es nuestro ancestro más directo, hay algo más que una sutil diferencia. La constante exhibición de nuestros orígenes simios sólo puede calificarse de abominablemente simiesca, con perdón de los simios.

Y, aunque no lo añadí, pensé: Por eso detesto a Grandullón. Y es cierto. Me dan igual sus modales groseros y me trae sin cuidado el mal gusto que tiene. Bien, su obsesión enfermiza por ir trajeado de blanco aunque sea pleno invierno resulta irritante, pero lo que realmente me sulfura es su presencia de King Kong albino, esa exhibición de tamaño, brazos cruzados, como advirtiendo que no es buena la idea de adentrarse en su territorio, que lo tiene marcado,... ¡En fin!

En cualquier caso, la disquisición evolutiva funcionó porque el Idiota Mayor me dio el visto bueno:

-Bien, bien, bien... -dijo reclinándose sobre el respaldo de la silla- ¿Otros temas?

Dudé unos segundos, pero resolví compartir con él alguna reflexión sobre un par de cuestiones que últimamente me traen de cabeza.

-Me preocupa el ciclo cerrado del agua –solté de sopetón. Él levantó las cejas y me miró interrogativamente-. Verá, sólo llueve agua que previamente se ha evaporado de mares, océanos, ríos, lagos e incluso charcas: aguas en las que han desembocado durante siglos nuestras cloacas, aguas que han recibido los orines de las más variadas especies desde que existe vida en el planeta. Conclusión: Es muy probable que, mezclado entre las gotas de lluvia, haya orín de dinosaurio.

El Idiota Mayor quiso intervenir, pero me opuse. A fin de cuentas, la columna es mía. Acepto que quiera saber qué asuntos abordaré, pero me niego a seguir sus indicaciones sobre cómo. Por lo tanto, proseguí sin darle oportunidad a que abriera la boca.

-Me inquieta también la gripe aviar. Vamos a ver, la pandemia se originaría como consecuencia de la mutación del virus que podría producirse si una persona estuviese infectada simultáneamente por el virus de la gripe humana y por el virus de la gripe aviar. Así lo aseguran los científicos. Por lo tanto, cabe preguntarse por qué no se inicia una campaña masiva de vacunación contra la gripe humana entre las personas que están en contacto directo con aves. ¿Por qué no? ¿Eh? ¿Por qué no? ¿Lo sabe usted?

Esos interrogantes tampoco estaban dirigidos a suscitar una respuesta de mi interlocutor y en esta ocasión no caí en el error de darle pie a equivocarse.
Quizá me precipité o quizá a él le enojó que le robara una ocasión para pontificar, no estoy segura. En todo caso, a partir de entonces, mientras trataba de razonar mis respuestas, lo reconozco, me excité ligeramente. No obstante, quiero poner de manifiesto que, sobre todo, me enfurecí a causa de las provocaciones del Idiota Mayor. Y es que me cortó con estas palabras:

-Me atrevería a sugerir que... Tal vez sus opiniones son, digamos..., ¿excesivamente contundentes? –lo dijo mirándome por encima de las gafas, como retándome. Yo reaccioné contenidamente, pero sin dejar lugar a dudas de que conozco mis derechos.

-La columna es mía –repliqué.

Desdichadamente, el viento había virado y el Idiota Mayor se empeñó en señalar mis contradicciones, es decir, lo que él, desde su óptica enfermiza, psicótica, diría yo, llama mis contradicciones:

-Días atrás, me comentaba usted la opinión que le merecen algunos columnistas...

-En efecto –lo interrumpí. Y seguidamente admití-, dije que pontifican.

Iba a añadir más cosas, pero, antes que lo lograra, él precisó:

-Sí, y agregó usted que como sólo hablan con quienes comparten su visión del mundo, a menudo se encierran en opiniones, quizá no totalmente infundadas, pero sí algo parciales.

-Lo recuerdo perfectamente, pero ése no es mi caso.

El Idiota Mayor me miró de una forma sarcástica que me sacó de quicio. Como buen español carece de una ‘teoría de la mente’, eso que distingue a las personas de los animales en otros países. Es cierto, ni se plantea como su interlocutor procesará las palabras que suelta, así a lo loco, sin pensar, ni le interesa si sus miradas herirán al que está al otro lado de la mesa. Él, su verdad, está por encima de los sentimientos del personal.

-¿Por qué habría de ser usted diferente? –me soltó.

-Hablando en plata, porque yo escribo para todo el mundo, no para unos pocos amigos que sepan a quien me refiero cuando hablo de zutano o de mengano, porque yo hablo de cosas de interés general, no de la charla que mantuve con usted u otro editor cualquiera y, en resumidas cuentas – a estas alturas ya estaba voceando, pero justo en este instante bajé el tono hasta casi susurrar-, porque soy bajita. Sí, sí –aquí alcé de nuevo la voz-, y no se queje usted: si no le gustan mis disertaciones, no lea mis columnas.

Entonces, quizá algo tempestuosamente, me levanté para contrarrestar mi estatura y proclamé:
-Soy bajita y he resuelto ejercer mis prerrogativas de columnista en todas sus dimensiones hasta que la revolución de los canijos se lleve a cabo.

Allí de pie, es cierto, me excité aún más: Pude leer en sus ojos qué bajitos cruzaban sus neuronas. O sea, él me provocó. Y, por si fuera poco, se excedió. No había para tanto, no le di motivo para reaccionar como lo hizo. Sin embargo, el Idiota es así, ¡qué le vamos a hacer!, y a bote pronto le dirigió una de sus miradas a Grandullón alzando la ceja izquierda.

Por cierto, seguro que Grandullón está al caer y seguro que insiste en que vayamos a visitar otra vez al Idiota Mayor. Seguro que iremos a visitarlo. Seguro que cruzaremos el patio donde algún mellizo de Grandullón estará vigilando que se respete la normalidad. Seguro que aguardaremos unos minutos en la antesala, seguro que la mujer de blanco nos abrirá la puerta y el Idiota Mayor nos recibirá. Seguro que me mirará con ojos de buey y me preguntará con una sonrisa bobalicona cómo he pasado la mañana, qué tal mi columna, cómo va la asociación...

Y, lo que son las cosas, a pesar de su escasa estatura dudo que el Idiota tenga intención de asociarse, juraría incluso que estima irrelevante la opresión de los canijos: No se debe de dar cuenta que con su pasividad le está haciendo el juego a los altos. O sea, títulos sí tiene, pero listo no es. A fin de cuentas, por algo le endilgué el sobrenombre.
Además, aunque quizá debería halagarme su interés por el contenido de mis columnas, me fastidia que sea tan entremetido. Lo peor es que a la mínima que no modulo la voz como él quisiera u observa un gesto que considera inadecuado, vamos, que no se ajusta a las normas, levanta la ceja izquierda y Grandullón me aprisiona ipso facto en una camisa de fuerza.

Y, sin embargo, como diría Alfredo, mi colega de ala, encima, la loca soy yo. ¡Ahí me duele!
(Bueno, eso lo digo ahora que estoy escribiendo, no estrechándome: Las mangas atadas a la espalda son humillantes y me provocan claustrofobia. Hay que reconocerlo, es así.)

Comentarios

Sí, leo todos los comentarios. Espero los tuyos, David.

12.8.06

ABC: Carmen Matutes elige el género de ficción para su primera novela

Noticia aparecida en ABC sobre Andrea(s) y De Cháchara

La escritora Carmen Matutes ha elegido el género de ficción para la primera novela que publica, "Andrea(s)", en la que describe un mundo futuro donde la clonación es el único método de reproducción admitido, y en el que, según dijo a Efe, "se han eliminado todas los lazos familiares y afectivos".
"Todas las distracciones que separan a las personas del progreso científico, que en ese mundo es lo único importante, han desaparecido; todos los colores, los sabores y cuanto pueda producir algún sentimiento ha sido eliminado, y Andrea, la protagonista, es una de las pocas mujeres no clonadas que quedan", explicó.
Carmen Matutes publica "Andrea(s)" en Ediciones Irreverentes, el mismo sello bajo el que, en septiembre próximo, aparecerá otra obra suya, "De cháchara".
Para Matutes, existe cierto paralelismo entre la situación hipotética que describe en "Andrea(s)" y la creada por George Orwell en "1984", aunque "la eliminación de la individualidad que se da en ambas se produce a diferente nivel en cada una de ellas. En mi novela no existe represión, todo ocurre como un proceso natural de la evolución", señaló.
A pesar del color gris con que las páginas de este libro parecen teñirlo todo, su creadora asegura que la suya no es una visión pesimista.
"En mi libro se apunta una esperanza, ya que la protagonista despierta a la vida y se hace consciente de su condición de mujer y de lo que ésta supone: la posibilidad de tener hijos engendrados naturalmente y de crear relaciones que impliquen sentimientos", explicó Carmen Matutes.
La autora, doctora en Economía por la Universidad de Berkeley, ha sido profesora universitaria en Francia y en el Reino Unido, e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
En 2002 abandonó la docencia para dedicarse exclusivamente a la literatura a raíz de una enfermedad que, según explica, le hizo ver de cerca la muerte.
Fue esta experiencia la que a Matutes (Ibiza, 1956) le inspiró "De cháchara", su verdadera ópera prima, ya que la escribió antes que "Andrea(s)", que, por cuestiones editoriales, saldrá en septiembre.
En esta otra obra, que narra "cómo la Parca se aparece en la vida de varios personajes", la escritora trata con frivolidad a la muerte, "la mejor manera de enfrentarse a ella, además de con mucho humor", según afirmó.
Los protagonistas de "De cháchara" hablan de la vida con la muerte, reflexionan sobre sus existencias y "se dan cuenta de la gran responsabilidad que tienen en sus desgracias, y de que su principal problema en realidad son ellos mismos".

4.8.06

Carmen Matutes en El diario de Ibiza


-La escritora ibicenca abandonó la economía para dedicarse a la literatura.
-En los próximos meses aparecerá `De cháchara´, su primera incursión en el género
A Carmen Matutes le ha costado ver publicada su obra varios años y algunas experiencias frustrantes, pero, finalmente, `Andrea´s´, su primera novela, está ya en la calle, publicada por Ediciones Irreverentes en su colección Novísima Biblioteca. «En realidad, la primera novela que escribí se llama `De cháchara´ y aparecerá próximamente en la misma editorial, pero a su responsable le ha gustado más `Andrea´s´ y ha decicido publicarla antes», relata la escritora, que confiesa no ser una lectora aficionada al género de la ciencia ficción. Sin embargo, `Andrea´s´ utiliza ese marco literario para situar el drama humano que supone «la obsesión por avanzar científicamente dejando de lado otros aspectos de la vida muy importantes», según resume ella misma.
«La idea de esta novela se me ocurrió un día que iba a buscar a mis hijos al colegio y pensaba en lo mucho que presionamos a los niños para que no se queden atrás en este mundo tan competitivo», relata Carmen Matutes, cuya máxima preocupación consiste en no repetirse. «Nunca me he propuesto escribir una novela autobiográfica, aunque supongo que algunas cosas mías sí que hay en cada una, pero no considero que mi vida sea tan interesante como para escribirla y, por otro lado, creo que el escritor debe usar fundamentalmente su imaginación», opina.
Sobre `Andrea´s´, que ha aparecido publicada por recomendación del Comité de Lectura del Premio de Novela Ciudad Ducal de Loeches -«que no gané»-, su autora ha intentado ponerse «en el lugar de alguien que debe explicar a un extraterrestre inteligente qué es la vida y cómo funciona aquí». Sobre los resultados de la presión que algunas familias ejercen sobre sus hijos para que reciban una educación completa, Carmen Matutes manifiesta también sus dudas. «No es mi caso, yo procuro que mis hijos disfruten también de su infancia, pero tampoco es bueno dejar pasar las oportunidades», comenta. «`Andrea´s es -en su opinión- un libro bastante filosófico en el que planteo dudas sobre muchas cosas, pero no doy recetas ni respuestas porque yo tampoco las tengo».Para ella -doctora en Economía y ex profesora por decisión propia en universidades tan prestigiosas como Berkeley, entre otras, la literatura tiene «mucho que ver con la Economía, aunque sólo sea por la autodisciplina que te da. Está además el momento de euforia que te da encontrar una idea y el trabajo posterior de pulirla y repulirla».

Carmen Matutes sobre Andrea(s)


Carmen Matutes sobre Andrea(s)


Escribir ficción es algo que nunca me planteé siendo joven, pero, a raíz de una experiencia que tenía visos de ser la última, se convirtió en una necesidad.
Mis dos primeros libros son un canto a la vida, o lo intentan. Se podría interpretar que la protagonista en De Cháchara es la muerte; también lo es en Andrea(s), y en un sentido más dramático. Yo prefiero subrayar lo contrario: la vida, qué es y cómo la desperdiciamos, es la verdadera protagonista de ambos.
Creo que siempre habrá un trasfondo existencial en lo que sea que escriba –y continuaré escribiendo-, pero quisiera no encasillarme, que nunca se pueda decir ‘Si has leído un libro de Carmen, los has leído todos’. La variedad es la sal de la vida, dicen los economistas, y en esta predicción creo que aciertan. La variedad es relevante como lectora y, aún más, como escritora: quizá lo mejor de escribir es cuánto se aprende y sobre cuántos aspectos diferentes.

Andrea(s) en Ediciones Irreverentes


Carmen Matutes describe en Andrea(s), su opera prima, un mundo en el que el deseo de promover la clonación como método reproductor era el nexo que unía a la mayoría opositora. En Andrea(s) las feministas defendían con fervor la clonación, al ser el único camino que permitiría liberarse a las mujeres de unas ligaduras atávicas, las del embarazo y el parto. Otro grupo, "Clonación y Liberación", apoya la clonación reproductiva porque aspiraba a poner fin al dominio que, según ellos, los privilegios de dar a luz habían otorgado a la mujer. Incluso se crea el Partido para la Clonación y el Progreso.
El mundo de Andrea(s) es un mundo de post-humanos. La causa de los grandes cambios en la raza no se encuentra en la proliferación de armas químicas o nucleares, ni en una invasión extraterrestre. Algo casi insignificante, apenas perceptible debido a su cotidianidad, acaba alterando el curso de la humanidad. Es una narración intimista de culpabilidad y de esperanza, de interrogantes sin respuesta; una historia posible de un futuro no muy lejano.
Andrea(s) aparece publicada en Ediciones Irreverentes por recomendación del Comité de Lectura del Premio de Novela Ciudad Ducal de Loeches.
Carmen Matutes se estena como escritora en Ediciones Irreverentes, editorial en la que han publicado autores como Francisco Umbral, Fernando Savater, Francisco Nieva, Augusto Monterroso, José Luis Alonso de Santos, Miguel Angel de Rus, Horacio Vázquez Rial y Luis Alberto de Cuenca.

Carmen Matutes, biografía

Carmen Matutes (Ibiza, 1956) vive en Edimburgo, ciudad nombrada por la ONU ciudad internacional de la literatura.
Es doctora en economía por la Universidad de California, Berkeley.
Ha sido profesora universitaria en Francia y en el Reino Unido, e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha sido también coordinadora de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva, miembro electo del Consejo de la European Economic Association y ha publicado numerosos artículos en revistas científicas de ámbito internacional.
En el 2002 abandonó su actividad docente e investigadora para dedicarse a la literatura. Ediciones Irreverentes publica ahora su primer libro, Andrea (s)


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